
Aún recuerdo cuando reiteradamente cada vez que nos
encontrábamos, me preguntabas:¿Cómo me llamo? e inocentemente lo pensaba y
respondía :
Camila, tu me
sonreías y me dabas un beso, siempre era así, por la tarde, en la mañana y en cualquier momento,aun cuando subo las escaleras te imagino, como si fuera ayer.
Conversaba con algunos colegas y concluíamos que en el cielo necesitaban al ángel que enviaron a compartir con nosotros sus ocurrencias, sus alegrías, sus travesuras, su nobleza de corazón y ese gran ejemplo de fortaleza, así eres tu Camila.
Ahora y siempre vivirás en nuestros corazones, querida Camila.
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